Con paciencia y buena letra

Siempre se ha dicho que cuando más de una pieza falla en un mismo entramado, el problema es del entramado y no de la pieza. Desde mi punto de vista este evento es algo que nos debe dar lugar a la reflexión y no a la sentencia: hay veces que, efectivamente es culpa del entramado, veces que es culpa de las piezas y veces en las que la culpa se encuentra repartida.

Ese último caso es el de nuestra cantera; y, efectivamente, vengo a hablaros del fallido proyecto Heliópolis.

No han sido pocos los jugadores que despuntaban en escalafones inferiores y se quedaron por el camino. Las excepciones han sido eso, excepciones, pocas; en los últimos años se podría contar con los dedos de una mano los jugadores que han podido jugar de forma regular en el primer equipo: Beñat, Cañas, Adrián y Ceballos. Siempre ha habido jugadores que han podido aportar, como Isidoro, Álex Martínez, Vadillo… pero, por unas circunstancias u otras, no han terminado de carburar.

 

En este fracaso con la cantera confluyen varios factores, en los que también influyen los diferentes patrones que seguimos los aficionados. Por un lado hay gente que sobre-confía en la cantera, creyendo que van a aportar un extra de esfuerzo y pasión por defender el escudo y por otro lado hay gente que infra-confía en la cantera, en base a lo que ha visto con los canteranos fallidos (dejadez, aires de estrella…). La cuestión es que ni lo primero tiene por qué ser cierto ni lo segundo es algo inevitable o inherente a la cantera.

 

También hay causantes como la impaciencia tanto para exigir un pronto debut e incorporación al primer equipo como para exigir su despido cuando su debut o incorporación no han sido los deseados. Si algo caracteriza a los pocos que han triunfado en el primer equipo en los últimos años ha sido su tardía entrada al equipo titular (23-25 años, salvo Ceballos). Nos empeñamos en que ya con 19 años, cojan la batuta del equipo, algo que sólo pueden hacer grandes promesas; no concebimos que podamos tener canteranos regulares, que sirvan como el 14º jugador, que llenen el fondo de armario. Cuando los canteranos han fracasado aquí y se han ido a otros equipos, no han triunfado, pero les ha servido a los equipos en mayor o menor medida, a pesar de tener el gran fracaso que suele suponer su paso por el primer equipo para nuestros canteranos.

 

La afición influye, pero también lo hace, en mayor medida y de momento para mal, el club, que no es capaz de centrar a los jugadores desde los escalafones inferiores e imprimirles el orgullo de vestir las 13 barras y la lucha para defenderlas en las buenas y en las malas. Ante esa ausencia para controlar y educar a los jugadores (algo que también debemos exigir a familia, amigos, entorno y agente del jugador; pero que no tenemos que darlo por supuesto), los jugadores que despuntan, suelen quedarse en el camino y en el famoseo vacuo (el de pasearse por discotecas, fotitos…) y dejan de prestarle atención a lo verdaderamente importante. Pero es algo que no es exclusivo de los futbolistas, sino que es característico de la juventud en general.

 

En nuestro club, cuando un canterano falla, no suele ser un problema individual, del jugador, sino que emana de lo colectivo y es algo que entre todos debemos solucionar, desde la afición y, sobre todo, desde dentro del club, con paciencia y buena letra. Ser conscientes de que no todos los jugadores van a despuntar con 18 años ni todos van a valer 30 millones. Lo que está claro es que se necesita un cambio profundo respecto a lo que se lleva haciendo hasta ahora.

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