El curioso caso del hombre-excusa

Estoy viendo cómo últimamente está aumentando la gente que reconoce los errores de Pepe Mel. Es un hecho que desde su vuelta, y muy especialmente desde el inicio de esta temporada, Mel ha ido perdiendo adeptos poco a poco, casi en forma de goteo. No sé si es debido a que esta vez teníamos a un DD de marca, y no a una marca blanca o si ha sido Mel quien ha perdido cualidades en lo extradeportivo.

 

Porque, aunque pueda parecer otra cosa, Mel está dando el mismo nivel que casi siempre (salvo en la temporada 10/11 y la primera vuelta de la 12/13). A lo largo de su carrera, ha tenido poco progreso en lo deportivo y seguramente un partido del actual Betis de Mel sea muy parecido a un partido del Murcia de Mel o del Poli Ejido de Mel.

 

Además de en un fútbol asistemáticamente ofensivo, donde dejaba todo a la calidad de los jugadores y a sus uniones (de ahí que los entrenos fueran juegos de pañuelo, partidillos, pádel… ), su fuerza residía en lo que transmitía fuera del campo. Siempre ha jugado su carta más fuerte a lo escénico, a su desempeño en la banda y en la rueda de prensa. Porque sabe que aunque la última decisión siempre es de las directivas, el papel del aficionado y la visión que tiene éste de la función del entrenador es vital para mantener su puesto. Por eso busca ese fútbol bonito de ver, pero sin control ninguno; por eso busca esa puesta en escena donde el aficionado crea que el entrenador es uno como él (diciendo que es rayista como los que iban al campo en 2ª B, diciendo que es bético, diciendo que lloró con la afición del WBA…), por eso busca esos gestos en la banda dando a entender que los jugadores no están haciendo nada de lo que él les dijo… y, sobre todo (y a lo que va mi artículo de hoy), a colar la idea de que todo lo que hay alrededor suyo es peor que él y por tanto, “bastante hace con lo que tiene”.

 

Algo que ha llevado a cabo en todos los clubes a los que ha ido, siempre tenía un equipo peor o igual al objetivo que se planteaban, de ese modo, en caso de no conseguir el objetivo se vería como algo inevitable y si conseguía algo más que ese objetivo, sería visto como un milagro. Llegado a este punto, uno puede pensar en cojos que hemos tenido (sí, de esos que podemos decir “Pues mi abuela en silla de ruedas lo haría mejor”, tipo de comentario que sólo se ha visto criticado cuando se decía en referencia al entrenador, curioso); pero no pensamos en los grises, jugadores que dentro de un grupo ordenado, con un criterio y una idea claras es cuando demuestran de lo que son capaces, jugadores que colman las plantillas de la mayoría de los equipos de Primera y que empiezan a parecer malos justo cuando los fichamos.

 

De ahí nace la paradoja de que el entrenador va a necesitar de forma vital siempre lo que no tiene. Si no tiene un centro del campo fuerte, a pesar de tener buenas bandas; dirá que no consigue los objetivos por no tener un buen centro del campo. Si no tiene suficiente gente en banda, a pesar de tener un centro del campo fuerte, dirá que no consigue los objetivos por no tener buenas bandas. Lo mismo con la variable juventud/experiencia de los jugadores , o los tiene inexpertos o los tiene viejos. Todo juega aparentemente en contra del hombre-excusa.

 

Para conseguir esta sensación, se ayuda de una prensa a la que siempre quiere tener como amiga (reuniones, entrevistas, filtraciones…), incluso a riesgo de los intereses del propio club donde esté. Algo que se amplifica en el caso de que esa prensa no tenga una buena relación con la parte que ficha o con la dirección del equipo, bien por una mala relación directa con ellos o bien a causa de una buena relación con los que aspiran a sustituirles (los enemigos de mis amigos…).

 

Sin embargo, eso continúa estando ahí, al igual que sus excusas que quizás han ido quedando más evidenciadas por su forma y su momento, especialmente para los que vivimos la actualidad del Betis día a día; lo cual es difícil para gente de otras ciudades donde lo más cercano que hayan visto sea el Barcelona-Betis donde ciertamente el Betis hizo pocas cosas mal (curioso que ese mismo Betis cayera goleado igualmente contra el Eibar una semana después).

 

También, a cada paso que Mel se ve fuera del club y sin ese apoyo de la masa que llevó a momentos que difícilmente se den en otros clubes (ser echado por ir colista y que la gente no sólo llore literalmente su marcha, sino que pida la destitución del nuevo entrenador antes del primer entrenamiento y le tire piedras), más se está buscando su retiro y, por tanto, más innecesario le parece pensar en el destino que corra el Betis. Lo que, a pesar de seguir teniendo muchos defensores, empieza a chocar con la mayoría de la masa bética que se está dando cuenta del orden de prioridades del que se partía el pecho diciéndose bético.

 

Porque, más allá de lo que esté haciendo bien o mal Pepe Mel, tenemos que ser consciente que la figura del entrenador debe ser la de un profesional pagado para ello (no para quien busca en su máximo logro ser como un aficionado más) y que siempre buscará su propio beneficio, que para algo es su trabajo. No hay sentimentalismos en eso, ni debe haberlos.

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