El mal del entrenador fallido

A lo largo de nuestras vidas, tenemos ciertas ilusiones que vamos adquiriendo y perdiendo por el camino. Todos los futboleros, recordamos ese doloroso momento en el que empezamos a ver jugadores de nuestra edad en equipos de Primera División, el momento en el que nos damos cuenta de que no seremos jugadores de fútbol.

 

Pero como futboleros, hay una ilusión que nunca perderemos, y es ser el entrenador de nuestro equipo favorito. Porque para eso no hay límite de edad, no hay una edad en la que ya no nos sintamos entrenador. Y, a diferencia del futbolista, al entrenador lo escuchamos con más frecuencia y, por tanto, podemos empatizar más con él que con los jugadores que hablan de dar el 110% y de que un partido son once contra once… También, con la edad, empezamos a tener cierta envidia (?) o resquemor (entendible en muchos casos) sobre la vida superflua e infantil de los futbolistas y tendemos a mirarlos con más firmeza, cual padres, tanto fuera como dentro del campo.

 

Todo esto repercute en nuestra visión sobre la actualidad de nuestro equipo. Como en casi cualquier aspecto, influye la propaganda que haga la prensa (en determinados clubes, con poder de la directiva en la prensa, se apunta al entrenador, no a los jugadores fichados por la directiva). Sin embargo, tendemos a ver con mejores ojos, lo hecho por el entrenador, y más aún si éste nos hace ver que es como nosotros, uno más, y nos habla con palabras sencillas, no con palabras técnicas que nos alejen de su posición y nos den un sopapo de realidad sobre nuestra preparación para ser entrenador.

 

Esto, aplicado al Betis, lo vemos en el acercamiento inicial a entrenadores más o menos béticos, respecto a entrenadores de fuera sin conocimiento de la famosa idiosincrasia que aquí tenemos. Todo esto es algo inicial, luego está claro que en función de los resultados eso pueda variar; pero todos sabemos lo importante de una buena primera impresión y cómo se puede torcer todo sin un buen comienzo.

 

También tengo claro, y ya lo he comentado otras veces, que el aficionado entiende el fútbol (y así debería ser) como un divertimento, no como algo en lo que tenga que echar horas de investigación para comprender el porqué de las cosas. Y también he comentado otras veces que, por suerte o por desgracia, al bético le ha tocado vivir un vaciamiento de responsabilidad en los puestos de poder y casi nos toca ejercer a nosotros de analistas. Puestos donde habría que abstraerse de lo cotidiano y visceral para actuar fríamente. Algo que choca con todos los inputs que recibimos, bombardeados estamos con artículos, tertulias, programas y demás donde se empeñan en empujarnos a lo irracional, como lo es identificarse sólo con uno de los trabajadores del club.

 

Algo que creo que es muy sano, ya para termina, es comparar nuestra situación con la de otros clubes, ciudades y medios de comunicación. Y ver a quién se echa culpa o se protege allí, para así poder extrapolarlo a nuestra situación y no vernos marcados por lo particular de nuestro caso.

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