Objetivo Cantera

“Para traer a un mindundi, mejor subimos al chaval del B, que al menos siente los colores.”

 

Esa frase, en sus múltiples variables, se ha usado durante años en muchísimos equipos, no sólo en el Betis; y aunque la premisa es buena, se queda corta. Es cierto que antes que un extraño, mejor nos quedamos con alguien “de la casa”, pero hay mucho contexto en el que ponerlo, e intentaré desgranarlo a continuación.

 

 

Inversión

En los escalafones inferiores, el principal gasto en jugadores es en inversión a futuro, a diferencia del primer equipo, donde el principal gasto en jugadores es en rendimiento inmediato; por lo que mezclar ambos conceptos, de inicio, es erróneo y seguramente acabe terminando mal. Dado que lo que se hace en cantera es invertir en jugadores, significa que la finalidad es que el jugador acabe siendo rentable en algún momento futuro (esto es, hoy puede ser un jugador medio pero con mucha proyección y se deba sacrificar el presente para mantener al jugador que dará buen nivel en el futuro). Partiendo de ahí, la dinámica de trabajo será hacerlo madurar, que vaya asimilando conceptos… pero a la velocidad a la que él pueda, no la que se le exija de forma externa por motivos que sea (urgencia de goles, resultados…), lo que vuelve a chocar con la realidad del primer equipo.

 

Un jugador no sólo vale lo que se ha invertido en él, sino el rendimiento que podamos obtener en el futuro: si invertimos 0,05M euros en él, pero el jugador podría llegar a valer 10M; en caso de que acabemos decidiendo mal y fracasando en su formación, la cantidad que habremos perdido será más cercana a los 10M que a los 0,05M euros. De ahí la importancia de una buena formación.

 

 

Crecimiento

Como debemos tener en cuenta la velocidad a la que puede crecer el jugador, será el club el que tenga que buscar su mejor emplazamiento en cada etapa del futbolista, algo crítico cuando llega el momento de dar el salto a Segunda y a Primera. Muchos jugadores han acabado por debajo de sus expectativas tras lo anterior, una mala elección a tempranas edades puede marcar la carrera de un futbolista. Un mal año, especialmente si se da en el primer equipo de su club, puede hacer que el jugador pase de un futuro en Primera a un futuro en Segunda o Segunda B.

 

La última decisión sobre este salto es del Director Deportivo, aunque necesita tener feedback constante de los encargados de la cantera y tenerlo muy en cuenta, ya que nadie mejor que ellos lo conocen. Es el Director Deportivo quien, conociendo las urgencias y necesidades del primer equipo, elige si subir al canterano para que tape un hueco o prefiera sacrificar parte del presupuesto en fichar a alguien externo, cuya proyección a futuro no nos importe (si nos sale malo, no habremos perdido ninguna inversión importante, a diferencia de lo que ocurriría con el canterano)

 

 

El escaparate del primer equipo

Jugar en el primer equipo significa una oportunidad única (realmente es única) para mostrarse ante los aficionados, una delgada línea que separará ser desterrado al grupo de los cojos o ser encumbrado al grupo de las estrellas (para luego ser desterrado al grupo de los cojos, toda vez que no dé el nivel de estrella). Pocas veces un canterano sobresale en esta jungla de malas decisiones, y las veces que sobresale es un crack. ¿Esto significa que sólo debemos aceptar cracks en el primer equipo? No, jugadores que no son cracks también son rentables (para segunda línea del club o para venta); por lo que hay que intentar formar a la mayor cantidad de jugadores, acaben como cracks o no.

 

Dado que el escaparate es una hoja de doble filo, hay que cuidar muchísimo el momento en el que ponemos el foco sobre el jugador, y sólo hacerlo en el momento oportuno para el jugador, no para el equipo. El aficionado suele ser más benevolente con el jugador que no ha visto mucho (si el jugador se va cedido, el aficionado no verá todos los partidos de su nuevo equipo, sólo los momentos buenos del jugador), por lo que es mejor mantener esa imagen hasta que realmente pueda dar un buen nivel en el primer equipo.

 

El probarlo en otro club antes que en el primer equipo, te da más y mejor información sobre el nivel del jugador, que te servirá para:

  • No arriesgar una posición del primer equipo (que pueda ser vital en determinados tramos de la temporada) con un jugador que aún no sabes qué rendimiento puede dar.
  • En caso de que no triunfe tras el salto al primer equipo, poder conocer mejor a qué se ha debido ese fracaso, comparándolo con su rendimiento en los clubes donde estuvo cedido y las circunstancias que le rodearon. Así, un mal primer año podría ser aún salvable tras analizarlo.
  • En caso de que no sirva, que te sea más fácil deshacerte de él: si ha tenido buenas temporadas previas al salto al primer equipo, podrás usarlo a la hora de ponerlo bonito para otros clubes.

 

 

En definitiva, hay que pensar que el canterano es como ese delicioso pollo que tenemos cocinándose en el horno. Si lo sacamos antes de tiempo porque tenemos hambre, lo más probable es que no sólo no nos quite el hambre, sino que seguramente hayamos desperdiciado un delicioso pollo. Hay que pensar en cuánto tarda en hacerse el pollo, no cuánta hambre tenemos nosotros, ya que esto último se puede arreglar con otra cosa mientras dejamos que el pollo se siga cocinando.