“Un club a la altura de la afición”

– ¿Cuándo estará el club a la altura de la afición?
El día en el que este equipo esté a la altura de esta afición

– Ojalá que el club algún día estuviera a la altura de la afición…

 

Diría que cada día, nos vemos rodeados de este tipo de frases o reflexiones; bien sea porque las pensemos directamente, o porque gracias a esas cuentas en RRSS que buscan la notoriedad fácil (RT, likes…) nos encontremos bombardeados.

Somos viscerales, apasionados, sentimentales… y en el fondo, quizás de eso se trate el fútbol, un modo de sacar fuera todas esas irracionalidades que arrastramos en nuestro día a día.

 

Sin embargo, eso no significa que esas irracionalidades sean el camino correcto para conseguir éxitos. La única forma de aprender de nuestros errores es mediante la cabeza, la única forma de evitar que se vuelvan a producir esos errores es mediante la cabeza… y me temo que lo que nos sobra a la afición es corazón, pero no cabezaexactamente igual que la mayoría de clubes, eso sí. Lo que diferencia al Betis de otros equipos es que aquí no tenemos unos dirigentes (y diversos entornos) que tengan un mínimo de cabeza y tenemos que ser la afición, cuales padres y madres coraje, quienes tiremos del club, pero intentando usar nuestra cabeza, insisto, no nuestro corazón.

 

Usar la cabeza sería mirar la actualidad bética con frialdad, sin ese apasionamiento al que normalmente no nos podemos resistir. Reconozcamos que subimos a un altar a cualquier, y del mismo modo, somos capaces de tirar a otros a los pies de los leones con la misma facilidad. Reconozcamos que tenemos esa polarización para tratar de enemigos (en este caso palanganas o incluso alguno de los entornos) al que opine distinto de nosotros. Reconozcamos, en definitiva, que somos más de palabras que de fondos, que si nos dan nuestro regalito, estamos calladitos, ya sea este regalito un entrenador, un jugador, una imagen… y confiamos ciegamente en nuestro confesor de turno, delegando acciones en las que tenemos que usar la cabeza, con el peligro que eso conlleva.

 

En el fútbol se mueven muchos intereses, dinero, fama, favores… y los únicos que estamos fuera de ese juego (de manera profesional) somos los aficionados. El resto, todos, están dentro: medios, entornos, no entornos, dirigentes, jugadores, entrenadores… Nosotros estamos dentro, pero de forma amateur, con lo del regalito que antes comentaba. Pero el resto están dentro de forma profesional, y como cualquier negocio intentan utilizar la herramienta que les dé más poder para poner, quitar, cambiar… y esa herramienta somos nosotros.

Si logran convencernos de que un jugador o un entrenador no sirve ni para servir cafés, logran que pidamos su marcha, lo que, en la mayoría de los casos, significa efectivamente su marcha.

Y al contrario, si consiguen convencernos de que un jugador o un entrenador son los mejores en el juego, conseguirán posiblemente que ese jugador o entrenador vengan y se mantengan en el Betis de forma indefinida.

 

Tenemos ese poder, pero no lo usamos, porque nos están usando, básicamente.

El club está a la altura de la afición. No hay una cabeza independiente a la afición que dirija al club y por tanto, quienes dirigen el club, en última instancia, somos nosotros. Algo parecido ocurre con la política. Tenemos dirigentes que buscan sus intereses y los únicos que pueden dirigir el país es el pueblo, que se guía por el corazón, y no por la cabeza, por lo que digan sus medios preferidos y no por lo que su propia cabeza le haga razonar.

 

Tenemos un club a la altura de su afición, unos medios a la altura de sus consumidores y un país a la altura de sus votantes. Duele, porque bastante deberíamos tener nosotros con lo nuestro y con nuestras vidas como para encima tener que ocuparnos de otras cosas, pero es así.

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