Exigencia

Exigencia. Continuamente vemos o leemos esa palabra en los títulos de las noticias de diversas webs de información acerca de la realidad de nuestro equipo. “Es que en este club lo que no hay es exigencia, mira dónde estamos unos y dónde estamos otros”, se suele oír en boca del aficionado bético.

Cierto es que todas las empresas (y los clubes de fútbol por las características de las S.A.D. deben o deberían considerarse como empresas) necesitan de un proceso de crítica y aceptación de errores, que las guíe hacia una mejor y más eficaz gestión. Es igualmente cierto, que en el Betis de los últimos años, este proceso ha sido carente o inexistente.

Quizás esté relacionado con ese lema, que algunos confunden para mal. El “manquepierda” no es falta de exigencia, si no todo lo contrario. Significa que no importa el resultado siempre que te exijas a fondo.

Desde hace muchas (más de cinco o seis jornadas), al equipo se le viene exigiendo buen juego, resultados y ser líder indiscutido de la categoría por diversos factores (mejor plantilla, más poder económico y el doble de masa social que cualquier otro equipo de esta Liga Adelante). Es algo en lo que todos podemos estar de acuerdo y parece, a priori, lógico.

Sin embargo, me sorprende ver algunas reacciones de la afición, que lejos de la exigencia que promulgan, piden a gritos la destitución (entendible) de un Julio Velázquez que lleva más de diez jornadas cuestionado, y la vuelta de Pepe Mel, autor de varios de los descalabros deportivos más significativos de la última década de la historia del club (derbis funestos, goleadas, cambios ofensivos cuando el rival es un equipo más fuerte, jugadas a balón parado sin ninguna estrategia…).

La exigencia, al menos para mí, no es una cualidad que se pueda omitir cuando el entrenador llega a sala de prensa serio, diciendo: “A mí esto también me duele, os entiendo porque soy bético…” o salga llorando por ser despedido. Exigencia, al menos para mí, tampoco es romper cristales y gritar el nombre del entrenador despedido en cada partido en casa.

Para mí, la exigencia debe partir del compromiso con el club, y no con una persona en concreto. Mejorar la gestión del club, no cometer los fallos estrepitosos en planificación deportiva… Son los pasos que, a mi parecer, se deberían exigir.

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